En el marco del 4° Seminario Internacional sobre Políticas de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, Rosa Inés Floriano, directora misional de INSPyRE, subrayó la importancia de equilibrar y armonizar ideas, conceptos y necesidades, atendiendo las particularidades para los defensores y defensoras.
Por ello, la protección de personas defensoras de derechos humanos y periodistas enfrenta retos profundos que van más allá de los simples protocolos. Los riesgos y la violencia que enfrentan estos individuos exigen un enfoque humano, integral y sensible, en el cual tres aspectos fundamentales permiten construir políticas verdaderamente protectoras:
1. La centralidad de la dignidad humana: Es crucial recordar que las personas defensoras y periodistas no son solo cifras o casos en una lista. Cada defensor y periodista representa una causa, un compromiso, y una lucha que va más allá del papel. En este contexto, las políticas de protección deben trascender los formatos rígidos y los procedimientos burocráticos que, en lugar de proteger, terminan siendo barreras. Reconocer la dignidad humana implica ver al defensor o a la defensora como un ser humano integral, con creencias, contextos y aspiraciones que deben ser considerados al momento de diseñar medidas de protección. Incluir a las personas en las decisiones sobre cómo cuidar sus vidas no solo aumenta la efectividad de la protección, sino que refuerza la confianza en el sistema de protección, dignificando así a quienes se busca proteger.
2. Protección diferencial, más allá de las categorías: Las políticas de protección muchas veces incluyen el enfoque diferencial como un aspecto teórico que, en la práctica, suele reducirse a categorías formales. Sin embargo, atender a la diferencialidad implica entender que cada persona tiene características únicas que incrementan o modifican su vulnerabilidad. La protección no puede ser una lista de verificación; debe ser un proceso que considera esas características para construir una respuesta adaptada a la realidad y al contexto de la persona o grupo en riesgo. Esto requiere sensibilidad y empatía en la respuesta, creando así un enfoque de protección humana, integral y efectiva, donde las diferencias de género, etnia, orientación sexual o contexto no solo están en los formularios, sino que son factores que impulsan la forma en que se protege la vida.
3. Priorización de la realidad en el enfoque interseccional: La interseccionalidad, como enfoque académico, permite un análisis profundo de cómo distintas vulnerabilidades se entrelazan y afectan de manera específica a las personas defensoras y periodistas. Sin embargo, el concepto en su forma teórica puede ser complicado de implementar en comunidades y organizaciones. Por ello, es fundamental que las políticas de protección prioricen la realidad vivida por las personas sobre la teoría, adaptando el enfoque interseccional a los contextos específicos. Esto significa reconocer y enfrentar los desafíos prácticos que existen en los territorios, como las tensiones entre mandatos institucionales y necesidades locales, los distintos intereses en juego y los ritmos diversos. Solo así se logrará una protección que responda a las verdaderas necesidades de las personas y no a las expectativas teóricas.
La efectividad de las políticas de protección depende de nuestra capacidad para humanizar, adaptar y responder con empatía y comprensión. Priorizar la dignidad humana, atender las particularidades de cada persona o colectivo y adaptar los enfoques teóricos a realidades concretas son los primeros pasos hacia una protección que realmente cuide y respete la vida de las personas defensoras y periodistas.






